¿Os miráis al espejo después de ducharos?

Yo creo que no. Yo por lo menos me he dado cuenta de que no me miro. O que si me miro es selectivamente; no miro las partes que no me gustan, me miro con buenos ojos. Por eso, cuando vamos a la playa y nos vemos en las fotos nos vemos horribles. O cuando salimos con las amigas y nos hacemos -iba a decir un selfie, pero no, porque yo no me hago, todavía no me importa pedirle a alguien que me saque una foto con mis amigas- una foto nos vemos fatal. ¡Es que no nos miramos con malos ojos! Por supuesto, no hay que obsesionarse, tengo amigas que obviamente tienen un problema con alguna parte de su cuerpo o cara (nariz grande, ojeras, boca chica…) y que cuando se miran solo ven eso. No es a esto a lo que me refiero, no hay que obsesionarse con una parte, de igual manera no hay que mirarse solo por encima.

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Véase lo que decía de pedir las fotos. Esta se la agradezco a Julia que siempre es la pesada de las fotos pero luego se lo agradecemos. ❤

Pues bien, hace unas semanas se me ocurrió hacer una serie de fotografías para cambiar esto, aceptarme tal y como soy e intentar dejar de censurar ciertas partes de mi cuerpo. La idea era des-censurarme. Es decir, una mezcla entre desnudarme y darle una vuelta a la censura; la censura clásica que no deja que se vean pezones o culos en Instagram o Facebook. Total que cogí, me desnudé, me monté un mini estudio en mi casa con un papel blanco y me hice fotos desnuda. Fotos por delante, por detrás y de lado. Cuando las pasé al ordenador casi me da un síncope “¿Así de gorda estoy?”, “¿Tengo esas mollas en la espalda?”, “WTF”, “¿Cómo coño no he visto yo esto antes si soy magnífica y me siento genial con mi cuerpo?”. En vez de servirme como ejercicio de aceptación me iba a hundir en la miseria…

Pero seguí con mi idea, abrí el Photoshop, me peleé con él porque todavía no sé usarlo y la clase que me dio mi amigo Juanjo en verano no me había servido de mucho, y me puse a pintar las fotos a diestro y siniestro y a dejar solo al descubierto esas zonas que me cortaría de un hachazo. Lo gracioso de todo fue que cuando terminé me gustó el resultado. Me había servido de terapia de aceptación. Puedo decir que no estoy especialmente contenta con el resultado estético ni con la técnica en general, pero ese no era el objetivo de todas maneras. Así que os invito a hacer algo así. Sácate una foto desnuda o desnudo y píntala, deja que se vea lo que no te gusta, diviértete pintando, tachando, o incluso recortando, hazlo en papel que será mucho mejor y ¡tachán!

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