DIVABOX

Divabox

 

Hay cajas de todas formas y colores. Las hay de regalo, de herramientas, de diseño… Las cajas también cambian mucho según del país de donde procedan y lo que contengan. Las más tristes nos transportan en nuestro último viaje al cementerio y las más románticas enamoran con bombones. Otras, sin embargo, son mucho más sutiles y están disfrazadas de otras cosas que no son cajas, esclavizan.

 

En Occidente, todas las mujeres tenemos una. ¿Qué hay dentro de estas cajas y cuándo aparecen en nuestras vidas? Esas primeras cajitas son divertidas, de juguete, contienen, quizás, sombras de ojos de colores, pintauñas enanos y brillos de labios con purpurina. Las de después llevan lápiz de ojos, máscara de pestañas, colonia y puede que una cuchilla de afeitar robada del cajón del baño de una madre o hermana mayor. Después, las cajas se hacen estrictamente necesarias y se empiezan a llenar de tal manera que tan solo de pensarlo da vueltas la cabeza: cera, pinzas de depilar, base de maquillaje, colorete, crema hidratante, sombras, pinta labios, perfilador de labios, mascarilla para el pelo, plancha para el pelo, silk-épil, crema de noche, crema de día, crema para el contorno de ojos… Eh, y tacones, sujetadores, tangas, ropa de última temporada, carnet de afiliado al gimnasio, a la peluquería y al centro de estética dónde por un módico precio y un dolor indescriptible te aplican unos rayos láser que dicen matar los pelos de raíz para toda la vida.

 

Estas cajas esclavizan porque no permiten que la mujer salga a la calle como ella quiera. Es curioso que estas cajas sean transparentes; en otras culturas no lo son. Por eso, hay algunas mujeres que han trazado ciertos paralelismos y las han bautizado como «los burkas de Occidente». Pilar Aguilar, ensayista e investigadora feminista, defiende este nombre ya que ambos conceptos «emanan de la misma concepción sobre quién manda aquí, [los dos] nacen de la arraigada ideología que predica que el cuerpo de las mujeres está para complacer al hombre». No se trata, pues, de nuestra decisión, la sociedad—patriarcal—en la que vivimos nos obliga a realizar ciertos rituales sin los que no podemos, o no nos atrevemos, a salir a la calle.

 

Divabox habla de los cánones estéticos que asfixian a la mujer de Occidente y, más particularmente, a la española. El final último de este estudio fotográfico es sacar a la luz los rituales de «belleza» que las mujeres realizamos a diario y cuestionar su obligatoriedad. En la sociedad actual, ciertos aspectos de la estética femenina se han convertido en imposiciones cuasisagradas. El más claro ejemplo es la depilación, actividad que limita, condiciona y consume el tiempo de las mujeres a gran escala. No pretendo dictar cuál es el camino correcto, pues cada mujer debería poder elegir el suyo propio, tan solo aspiro a visibilizar esas cajas—o burkas—que cargamos las mujeres a diario, porque si dejan de ser invisibles pueden ser cuestionadas y solo así las mujeres seremos libres para escoger los caminos que prefiramos.

 

Sun Zi estaba en lo cierto cuando decía en el El arte de la guerra: «conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas nunca saldrás derrotado». Por ello, Divabox ha sido ideado desde el mismo centro de la estética publicitaria de moda y de los productos de belleza. Paralelamente, ha sido un viaje de autoconocimiento; lo que germinó como una idea en el subconsciente ahora, tras un proceso de aprendizaje, se ha materializado en un proyecto fotográfico y en un conjunto de ideas y convicciones firmes y razonadas. Algunos autores, como Joan Fontcuberta, han servido como base para dar forma a una amalgama de ideas que en un principio eran difíciles de cohesionar. El collage, la fotografía, los GIF, los mockups… son algunas de las técnicas que he utilizado en el desarrollo del proyecto. Finalmente, Divabox ha terminado siendo la fusión que se avecinaba pero con un cuerpo y una estética uniformes. Tras este conjunto de imágenes se esconden mockups descargados de forma gratuita de internet a los que solo he tenido que añadir el logo de Divabox—reutilizar imágenes es uno de los puntos dentro del decálogo de la posfotografía de Fontcuberta—; fotografías cuya inspiración surge de las estéticas actuales utilizadas en la fotografía de producto; y, finalmente, una copia descarada de la campaña de 2017 de Steven Meisel para ZARA. Otros autores que me han influído son Cristina de Middel, por su particular forma de intervenir las historias que cuenta o Jan Davis, por enseñarme el valor de ponerse delante de la cámara y mostrar lo que más nos avergüenza.

 

Teresa Moya Madrona

Y llegó el gran día: inauguración de la exposición colectiva en La Ampliadora

El pasado jueves día 22 de junio fue un día muy especial para mí, se acababa el curso de fotografía y inaugurábamos la exposición colectiva con todos los proyectos que hemos ido haciendo a lo largo del curso mis compañeros y yo.

Nos habían pedido que hiciéramos una breve introducción sobre nuestro proyecto el día de la exposición pero ante la negativa general lo habían dejado como algo opcional. Yo odio hablar en público, cada vez se me da peor, ¿cómo es posible?, pero sabía que tenía que hablar sobre mi proyecto, como nos dijo Cecilio era una parte más dentro de la realización de un proyecto.

El día de la inauguración me desperté a las 5 am y ya no me podía dormir, después de una hora dándole vueltas al discursito me levanté y lo escribí en el ordenador. Pues bien, me pasé el día entera repitiéndolo, primero mentalmente, luego en la ducha, después en mi casa y finalmente por la calle en voz alta mientras iba a La Ampliadora (como os podéis imaginar todo el mundo me miraba pero ya me daba igual).

Por la mañana también tuve que preparar el vídeo para la proyección posterior a la inauguración, tenía mucho material (todos los collages y fotos que he ido haciendo a lo largo del año) pero no tenía nada montado. Por lo que dijeron los asistentes el vídeo quedó bastante bien al final y además tuve la suerte de encontrar la música perfecta para la temática, todo gracias a un blog que sigo que es la caña y que tiene una lista de reproducción folclórica en Spotify: COMO VAYA YO Y LO ENCUENTRE. La canción del principio son las sevillanas Corraleras de la moda de Miguel de Molina.

Todo salió genial al final, aunque me quedara en blanco momentáneamente, solté el discurso y dije -casi- todo lo que quería decir, la proyección fue un éxito además del gran orgullo de ver la exposición ya terminada, sobre pared y con mucha gente en la sala viéndola. Toda una experiencia.

Os dejo el vídeo aquí. Para ver el proyecto terminado en sí habrá que esperar un poco, quiero dejar que se publique primero en la web de La Ampliadora que es donde está mejor montado.

Gracias a todos los que vinisteis, a mis compis por ser tan geniales y a los profes que se han dado un trabajazo, no solo durante el curso sino estos días para que la expo saliera bien y encima con el Pa-ta-ta en las mismas fechas. 🙂

Por cierto, el final de la noche también fue genial, nos fuimos de cervezas al Flashback ¡y hasta aquí puedo leer!

 

 

Acción de arte urbano de los estudiantes de La Ampliadora

¡Hola!

El curso Algo más que un hobby pronto llegará a su fin, de hecho, el jueves que viene es la inauguración de la exposición colectiva de los estudiantes. ¡Qué emoción! No voy a mentir, tengo muchas ganas de ver mis fotos sobre la pared y también de ver el trabajo de todos mis compañeros (más bien compañeras, solo hay un chico en todo el curso, el grandísimo Mattia) que con tanto esfuerzo hemos desarrollado durante todo el año.

Pues bien, para empezar a darle movimiento a la exposición hemos llevado a cabo un par de intervenciones callejeras con pegatinas y pósters que estuvieran relacionadas con nuestros proyectos personales. Yo hice un par de pegatinas muy chulas de un brazo musculoso con una cuchilla, pegué bandas de cera en carteles de modelos e hice unos cuadros barrocos de collage. Muchos de los pósters ya no están (se han caído, se los han llevado o los han quitado) también falta uno de mis cuadros, pero bueno al menos quedan estas fotos para documentarlo. Aquí faltan las fotos y vídeos que hicimos con el móvil, por eso os recomiendo que sigáis a Helena @helenalrm, que en su Instagram subirá algo y a Leticia @lpgualda que también ha subido cosas en su Instagram, en el de La Ampliadora @la_ampliadora también subieron fotos.

 

 

¡Pues eso, nos vemos el jueves a las 9 o en el Pa-ta-ta Festival!

Multiexposición, experimento con mi* Werlisa Club Color

*mía en usufructo. 😉

BUENO, hace un año empecé un proyectito de doble exposición un poco improvisado con una camarita tan sencilla como la Werlisa Club Color. Saqué fotos con un carrete que mi madre guardaba hace años y cuando lo terminé lo rebobiné y volví a tomar las fotos encima (previa búsqueda de un sacalengüetas por miles de sitios en Granada que me sacara la película del cajetín que había metido dentro por rebobinarlo del todo). Era un misterio si saldría algo o no o qué saldría y lo que ha salido sigue siendo un misterio. La mitad del carrete tiene fotos normales, es decir, una sola exposición, y la otra mitad con doble, triple, y hasta cuádruple exposición. En definitiva, una pasada. Ahora estoy con otro proyecto de doble exposición pero en este caso es un “film swap”, voy a intercambiar el carrete con Juanjo tras haberlo expuesto yo una vez y la temática, no os la perdáis, es “Chucherías y cuchillos”.

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Maquillaje

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Estoy llevando a cabo un proyecto fotográfico sobre todos los aspectos relacionados con la belleza que nos impiden ser a las mujeres «libres». Con esta palabra me refiero a temas como el maquillaje, las tallas, la depilación, la obsesión por la juventud o la belleza, etc.

En este GIF muestro tan solo algunos (de los mucho) productos que uso (poco, pero bien que los tengo).

¿Saldríais a la calle sin maquillaros? ¿Dejar de maquillarse es la solución? Yo, a la primera pregunta respondo sí, cada vez más y a la segunda pregunta digo que no; me puedo maquillar si quiero, pero sabiendo por qué y cómo lo hago.