Un día en Tiananmen

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Verano 2017

Ha sido un verano marcado por LA -en mayúsculas- inminente despedida y una extraña sensación continua de tener que aprovechar al máximo cada instante. Entre trabajo y gestiones conseguimos arrancarle alguna que otra escapada al verano y una semana a agosto a modo de traca final de fiestas.

 

Volvimos a Tarifa, cerrando un ciclo que ha dado comienzo a otro opuestamente distinto.

 

También he tenido tiempo de jugar con mi Pentax MZ-7 de segunda mano y la magnífica función de doble exposición que tiene. Ahora espero que Ruth no vea estas fotos porque se va a arrepentir de habérmela dado. Je, je, je.

Parece una foto sacada del álbum de fotos de nuestros padres pero con un toque psicodélico.

DIVABOX

Divabox

 

Hay cajas de todas formas y colores. Las hay de regalo, de herramientas, de diseño… Las cajas también cambian mucho según del país de donde procedan y lo que contengan. Las más tristes nos transportan en nuestro último viaje al cementerio y las más románticas enamoran con bombones. Otras, sin embargo, son mucho más sutiles y están disfrazadas de otras cosas que no son cajas, esclavizan.

 

En Occidente, todas las mujeres tenemos una. ¿Qué hay dentro de estas cajas y cuándo aparecen en nuestras vidas? Esas primeras cajitas son divertidas, de juguete, contienen, quizás, sombras de ojos de colores, pintauñas enanos y brillos de labios con purpurina. Las de después llevan lápiz de ojos, máscara de pestañas, colonia y puede que una cuchilla de afeitar robada del cajón del baño de una madre o hermana mayor. Después, las cajas se hacen estrictamente necesarias y se empiezan a llenar de tal manera que tan solo de pensarlo da vueltas la cabeza: cera, pinzas de depilar, base de maquillaje, colorete, crema hidratante, sombras, pinta labios, perfilador de labios, mascarilla para el pelo, plancha para el pelo, silk-épil, crema de noche, crema de día, crema para el contorno de ojos… Eh, y tacones, sujetadores, tangas, ropa de última temporada, carnet de afiliado al gimnasio, a la peluquería y al centro de estética dónde por un módico precio y un dolor indescriptible te aplican unos rayos láser que dicen matar los pelos de raíz para toda la vida.

 

Estas cajas esclavizan porque no permiten que la mujer salga a la calle como ella quiera. Es curioso que estas cajas sean transparentes; en otras culturas no lo son. Por eso, hay algunas mujeres que han trazado ciertos paralelismos y las han bautizado como «los burkas de Occidente». Pilar Aguilar, ensayista e investigadora feminista, defiende este nombre ya que ambos conceptos «emanan de la misma concepción sobre quién manda aquí, [los dos] nacen de la arraigada ideología que predica que el cuerpo de las mujeres está para complacer al hombre». No se trata, pues, de nuestra decisión, la sociedad—patriarcal—en la que vivimos nos obliga a realizar ciertos rituales sin los que no podemos, o no nos atrevemos, a salir a la calle.

 

Divabox habla de los cánones estéticos que asfixian a la mujer de Occidente y, más particularmente, a la española. El final último de este estudio fotográfico es sacar a la luz los rituales de «belleza» que las mujeres realizamos a diario y cuestionar su obligatoriedad. En la sociedad actual, ciertos aspectos de la estética femenina se han convertido en imposiciones cuasisagradas. El más claro ejemplo es la depilación, actividad que limita, condiciona y consume el tiempo de las mujeres a gran escala. No pretendo dictar cuál es el camino correcto, pues cada mujer debería poder elegir el suyo propio, tan solo aspiro a visibilizar esas cajas—o burkas—que cargamos las mujeres a diario, porque si dejan de ser invisibles pueden ser cuestionadas y solo así las mujeres seremos libres para escoger los caminos que prefiramos.

 

Sun Zi estaba en lo cierto cuando decía en el El arte de la guerra: «conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas nunca saldrás derrotado». Por ello, Divabox ha sido ideado desde el mismo centro de la estética publicitaria de moda y de los productos de belleza. Paralelamente, ha sido un viaje de autoconocimiento; lo que germinó como una idea en el subconsciente ahora, tras un proceso de aprendizaje, se ha materializado en un proyecto fotográfico y en un conjunto de ideas y convicciones firmes y razonadas. Algunos autores, como Joan Fontcuberta, han servido como base para dar forma a una amalgama de ideas que en un principio eran difíciles de cohesionar. El collage, la fotografía, los GIF, los mockups… son algunas de las técnicas que he utilizado en el desarrollo del proyecto. Finalmente, Divabox ha terminado siendo la fusión que se avecinaba pero con un cuerpo y una estética uniformes. Tras este conjunto de imágenes se esconden mockups descargados de forma gratuita de internet a los que solo he tenido que añadir el logo de Divabox—reutilizar imágenes es uno de los puntos dentro del decálogo de la posfotografía de Fontcuberta—; fotografías cuya inspiración surge de las estéticas actuales utilizadas en la fotografía de producto; y, finalmente, una copia descarada de la campaña de 2017 de Steven Meisel para ZARA. Otros autores que me han influído son Cristina de Middel, por su particular forma de intervenir las historias que cuenta o Jan Davis, por enseñarme el valor de ponerse delante de la cámara y mostrar lo que más nos avergüenza.

 

Teresa Moya Madrona

Cristina de Middle y yo (já)

Soy su mayor fan así que hoy me he pasado la mañana, mientras lavaba los platos y me daba un repasillo pa ir a la playa (coñazer), escuchando varias entrevistas suyas en Youtube. Primero he visto una muy interesante sobre el proceso que la llevó a autopublicar The Afronauts, libro que ya conocía y que me hizo enamorarme en términos artísticos de ella pero del que tampoco tenía mucha idea sobre cómo se hizo. En ese vídeo también hablaba un poco de su librito de rojo de Mao Party que quiero sobre todas las cosas pero que vale 200 € así que a ver si voy ahorrando.

Luego he visto otro sobre una exposición que hizo en la Universidad de Navarra que se llama Man Jayen, una historia muy divertida y casi inverosímil, muy ella.

Por último estaba viendo una en la que habla con Lorezo Fosi sobre una exposición-instalación-publicación que realizó junto otros tres artistas para la Bienal de Liverpool de 2014 que se llamó Not all documents are records: photographing exhibitions as an art form y que me ha recordado a dos cosas relacionadas conmigo. Bueno, para resumirlo un poco era una exposición en la que se quería reflexionar sobre el doble papel que pueden tener las fotografías que se toman para documentar obras de arte o exposiciones, que por un lado son meras pruebas de la realidad a la par que pueden tener un enfoque artístico. Para esta exposición Cristina recuperó fotos de obras expuestas en antiguas ediciones de la bienal y las pintó por encima censurando, en cierto modo, las obras de los artistas. De esta manera yo entiendo que añade una nueva pieza al ya bastante complicado puzzle sobre a quién asignar la autoría de la fotografía: si a la bienal, al fotógrafo que hizo la foto de la obra, al autor de la obra o a la misma Cristina de Middle.

Pues bien, en primer lugar esta temática me recordó a una cita que leí el otro día en la Wikipedia sobre los fotógrafos que documentaron a la comunidad de artistas vanguardistas de los 90 que se denominaros Beijing East Village y que me gustó tanto que incluso lo puse en Twitter (@tmoyatrad):

When the photographers documented the performers, whose work was it? As recently as 1998, the New York exhibition of contemporary Chinese art, Inside Out, credited the photographic records of performance works by Ma Liuming and Zhang Huan to the performer, not the photographer. In Between Past and Future, the new show of Chinese photography and video at the V&A, some of the same images are listed as artworks by the photographer. ‘I got very confused,’ Xing Danwen says of this tussle. ‘I had to go to an expensive copyright lawyer in New York. She said: “These are your photographs, they are your copyright.” I still wondered if they were my own artwork – in a way it’s not, but they are my photographs.’

Por otro lado, hablan del uso de collage como censura para las fotos que se expusieron y hablando de eso dice que muchas veces la censura más que tapar algo llama la atención sobre aquello que se tapa, por tanto visibilizándolo, lo cual termina siendo una divertida contradicción. Pues bien, esto me recordó al mini proyecto que hice hace unos meses que denominé «descensúrate» y que iba de desnudarse ante la cámara y de censurar precisamente aquellas partes que más nos gustan de nuestro cuerpo y que a menudo no queremos ver cuando nos miramos al espejo. Fue un proyecto de aceptación al cuerpo que expliqué en esta entrada.

En fin, que me gusta encontrar estas pequeñas coincidencias entre mis referentes y yo.

 

Acción de arte urbano de los estudiantes de La Ampliadora

¡Hola!

El curso Algo más que un hobby pronto llegará a su fin, de hecho, el jueves que viene es la inauguración de la exposición colectiva de los estudiantes. ¡Qué emoción! No voy a mentir, tengo muchas ganas de ver mis fotos sobre la pared y también de ver el trabajo de todos mis compañeros (más bien compañeras, solo hay un chico en todo el curso, el grandísimo Mattia) que con tanto esfuerzo hemos desarrollado durante todo el año.

Pues bien, para empezar a darle movimiento a la exposición hemos llevado a cabo un par de intervenciones callejeras con pegatinas y pósters que estuvieran relacionadas con nuestros proyectos personales. Yo hice un par de pegatinas muy chulas de un brazo musculoso con una cuchilla, pegué bandas de cera en carteles de modelos e hice unos cuadros barrocos de collage. Muchos de los pósters ya no están (se han caído, se los han llevado o los han quitado) también falta uno de mis cuadros, pero bueno al menos quedan estas fotos para documentarlo. Aquí faltan las fotos y vídeos que hicimos con el móvil, por eso os recomiendo que sigáis a Helena @helenalrm, que en su Instagram subirá algo y a Leticia @lpgualda que también ha subido cosas en su Instagram, en el de La Ampliadora @la_ampliadora también subieron fotos.

 

 

¡Pues eso, nos vemos el jueves a las 9 o en el Pa-ta-ta Festival!

Referentes que me inspiran. Luo Yang.

Este artículo del que soy autora fue publicado en Yuanfang Magazine el 25 de noviembre; con él inauguré la sección mensual “El dragón y la cámara” que trata sobre fotógrafos chinos o fotografía relacionada con China. Decidí estrenar esta sección hablando de Luo Yang, fotógrafa que retrata una nueva generación de mujeres chinas.

Sensualidad, naturalidad y valentía; las chicas girls de Luo Yang se muestran tal y como son ante la nueva gran estrella de la fotografía china.

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Aclamada por el mismísimo Ai Weiwei del que, ya de camino, recomiendo encarecidamente ver el documental sobre su persona Never Sorry—, esta fotógrafa se dedica a retrata a las mujeres que la rodean. A través de estas chicas, se autoretrata a la par que capta a toda una nueva generación de jóvenes chinas que son atrevidas y seguras de sí mismas, a la par que en cierto modo frágiles; el ser humano es contradictorio al fin y al cabo.

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Lo que me interesa de su fotografía quizá no es tanto su estética, sino ese toque de honestidad, como en el retrato de la chica de abajo. Luo Yang sabe capturar el alma de sus modelos sin cuestionarlas, no se trata buscar la aprobación del mundo sino de dejar un documento visual a través del cual poder captar el espíritu de la nuevas generaciones.

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Estas fotografías son parte de su serie Girls, que hace poco ha expuesto en Berlín en solitario y gracias a la cual parece que Occidente se ha dado cuenta de su existencia, no hay más que fijarse que todas las webs que hablan de ella mencionan esta exposición que tuvo lugar en mayo-junio de este año.

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Las últimas fotografías que ha añadido a esta serie se han hecho enormemente virales por retratar a una chica llena de cicatrices por quemaduras que posa ante la cámara tranquila, sonriente y segura.

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En un país en el que todavía, en muchos casos, las mujeres mayores de 30 no casadas son consideradas “sobrantes” (las famosas shengnvs) es importante que alguien, en este caso Luo Yang, dedique su trabajo a retratar a las pocas afortunadas que deciden expresar su individualidad en una China cambiante.

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Luo Yang nació en Liaoning en 1984.

Más información sobre la fotógrafa en: